lunes, 25 de enero de 2016

Vergüenza

Se trata de estar juntos en las llanas y en las abruptas. De apoyarse, de dejarse apoyar. Consiste en crecer juntos, mirarse a los ojos y que se refleje el amor.
Las parejas son muros de contención, o el caos formado tras un desbordamiento. Pero siempre juntas. Si la más mínima grieta comienza a resquebrajarse, vence. Quizá pueda arreglarse, pero nunca quedará como el principio. Y cuanto más se agriete, y cuanto más te alejes, más difícil será su reconstrucción.
Pues no somos más que pantanos que, tras un largo día de trabajo; de reproches; de laberintos sin salida: necesitamos expulsar todo el exceso de agua.

Cuando tienes una pareja.
Bien paremos, porque en este punto se me hace necesario explicar que es una pareja.
Una pareja son dos personas, que, porque mutuamente se atraen, se admiran, incluso se idolatran, deciden comenzar una vida el uno al lado del otro. Aquí ya cada uno lo hace como quiere. Pero hay algo común a todas: contarse los problemas las reconforta.
Bueno, pues uno de los problemas es cuando no te apoyas en la otra persona.
Convences, y te convences, que tú sólo lo resolverás mejor, que lo haces por no amargaros, por no convertir la relación en tóxica. Como si resquebrajar la balsa no fuera nocivo!
Y comienzas a alejarte... Alejarte...
Hasta que pum! YA! Un día lo haces público.
-Te dejo porque necesito un tiempo para mi. Quizá más adelante... Quizá no...
Y ahora le toca a la otra persona pensar como será su vida sin la que creyó que sería la persona junto a la que envejecería. Sin su muro de contención. Pensar si realmente volverás, si no. Si realmente la amabas, si no...
Porque eso no se hace. Eso está muy feo.
Y avergüenza a la persona que lo deja, incapaz de cumplir sus promesas, y avergüenza a la dejada, incapaz de comprender nada, humillada y engañada. Y se avergüenzan las dos cuando se miran a la cara. Y se avergüenzan cuando se piensan. Y se avergüenzan cuando deben explicar lo ocurrido ante miradas expectantes, que criticarán y juzgarán sin ningún derecho.

Y se avergüenzan las dos, porque se quisieron, y ya no saben mirarse a los ojos.

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