miércoles, 27 de enero de 2016

Re-contruyendo(me)

"Nunca sabes lo(a quién) -que- tienes hasta que lo pierdes"
REALLY?
De verdad nos hace falta perder para conocer?
Pues parece ser que sí. Que vas dejando las cosas pasar.

Esto ya lo hago mañana. Bueno hoy no me apetece hacer algo especial. Ya me comparé un conjunto sexy más adelante. Pfff que pereza... hasta allí?. Y si lo dejamos para el próximo sábado?. Pero que le pasará a este, mirale todos los días cansado. Joe que aburrimiento. Ahora sólo vemos la televisión. Y un largo etc...

Y de pronto quieres hablar todo lo anterior, pero él se aleja y se aleja... Y te deja.

-Creo en que podemos arreglarlo de verdad. Creo en lo que tenemos.

-Se que lo crees.. Pero necesito encontrarme, cumplir mis sueños.

Claro, si fui yo quien se los robe.

Hasta aquí la postura más culpable y triste que se puede tener. De aquí en adelante una postura alejada de lo cotidiano y tradicional del resto del mundo, menos de unos pocos privilegiados.

Se fue perdiendo la magia, las vidas no se compatibilizaban. El horario, las preferencias, la reticencia a adaptarse.
Te sumerges y cuando quieres darte cuenta ya no hay marcha atrás.
Entonces asumes tu parte de responsabilidad. Nunca de culpa.
Y comienzas a reconstruirte, a pensar en tu vida a partir de ahora, a echar de menos y a desear que la otra persona sea feliz realizando sus sueños. Claro que hay días que te hundes y que echas de menos, pero sabes que puedes llamarle, verle, compartir tus comeduras de cabeza y vuelves a casa, y te sientas y piensas:
-Dejamos que ocurriera. Viví cosas increíblemente maravillosas con un tío genial que ahora ha decidido realizar sus sueños. No te apartó de su vida, simplemente dejasteis que ocurriera. Mantenle como amigo, porque vale la pena.

lunes, 25 de enero de 2016

Vergüenza

Se trata de estar juntos en las llanas y en las abruptas. De apoyarse, de dejarse apoyar. Consiste en crecer juntos, mirarse a los ojos y que se refleje el amor.
Las parejas son muros de contención, o el caos formado tras un desbordamiento. Pero siempre juntas. Si la más mínima grieta comienza a resquebrajarse, vence. Quizá pueda arreglarse, pero nunca quedará como el principio. Y cuanto más se agriete, y cuanto más te alejes, más difícil será su reconstrucción.
Pues no somos más que pantanos que, tras un largo día de trabajo; de reproches; de laberintos sin salida: necesitamos expulsar todo el exceso de agua.

Cuando tienes una pareja.
Bien paremos, porque en este punto se me hace necesario explicar que es una pareja.
Una pareja son dos personas, que, porque mutuamente se atraen, se admiran, incluso se idolatran, deciden comenzar una vida el uno al lado del otro. Aquí ya cada uno lo hace como quiere. Pero hay algo común a todas: contarse los problemas las reconforta.
Bueno, pues uno de los problemas es cuando no te apoyas en la otra persona.
Convences, y te convences, que tú sólo lo resolverás mejor, que lo haces por no amargaros, por no convertir la relación en tóxica. Como si resquebrajar la balsa no fuera nocivo!
Y comienzas a alejarte... Alejarte...
Hasta que pum! YA! Un día lo haces público.
-Te dejo porque necesito un tiempo para mi. Quizá más adelante... Quizá no...
Y ahora le toca a la otra persona pensar como será su vida sin la que creyó que sería la persona junto a la que envejecería. Sin su muro de contención. Pensar si realmente volverás, si no. Si realmente la amabas, si no...
Porque eso no se hace. Eso está muy feo.
Y avergüenza a la persona que lo deja, incapaz de cumplir sus promesas, y avergüenza a la dejada, incapaz de comprender nada, humillada y engañada. Y se avergüenzan las dos cuando se miran a la cara. Y se avergüenzan cuando se piensan. Y se avergüenzan cuando deben explicar lo ocurrido ante miradas expectantes, que criticarán y juzgarán sin ningún derecho.

Y se avergüenzan las dos, porque se quisieron, y ya no saben mirarse a los ojos.

domingo, 24 de enero de 2016

S.O.S como el arroz

El amor se acaba, las parejas rompen; discuten, se odian, se miran con desprecio.

El amor prescribe.

Es la vida; el fin de un camino, el estancamiento o el comenzar de otro.

El amor nos rompe.

Pero a ti y a mi aún nos queda amor, pasión.
No fue nuestro amor el caduco, fuimos nosotros. Nos pudrimos hasta ser tan insoportable que nos alejamos.
Tú sin encontrarte, yo sin ayudarte.

Y te fuiste.

Y aquí estoy yo, comiéndome la cabeza para ayudarte. Tratando de encontrar cada falló que nos separó.
Y creó haber encontrado la solución. Yo me alejo, lo suficiente para acariciarse sin agobiarse.
Yo te abrazo y te beso lo suficiente para calmar tu ansiedad.
Yo seré tu confidente.
Recuperarás tu vitalidad y sabrás quien eres, que quieres y donde ir.
No creerás romper todo lo que tocas, porque estaremos arreglándonos con amor.

Pero si ya no me quieres dimeló.

No todos los domingos llueve.

Los domingos, esos días de sentir la resaca de vivir.

De pensar en "isis", " isinos" y "porques", de echar de menos, de llorar y de gritar.

Existen domingos llenos de tempestades, domingos soleados, domingos indiferentes y domingos que hieren.

Ahora no todos los domingos llueve. Ahora todos los domingos duelen.

Era costumbre no tener despertadores, buscarnos hasta encontrarnos y estallar en orgasmos.
Solíamos comer a las mil, tirarnos a la cama y ver películas hasta aburrir.

Ahora más que nunca los domingos se atragantan.
Se agarran y arañan, y hieren... y duelen...
Ahora más que nunca me apetece verte.

Pero ya no todos los domingos llueve.




viernes, 22 de enero de 2016

DAME LA MANO Y VAMOS A DARLE LA VUELTA AL MUNDO

Te acostumbras a la soledad;
ver pelis; dormir; tocarte; sonreír... sin consenso.
Me acostumbré a mis pensamientos; a mi olor... míos.

Pero yo no veía amor; veía repugnancia.
Repugnancia a las parejas en los bancos
mostrando su amor sin tapujos.
Repugnancia a la soledad.

Cuando menos te lo esperas dicen.
Y así fue.
Llegó.

Formamos un presente, y nos contamos nuestros pasados
Y paseámos, y viajamos, y reímos, y sobretodo nuestros días rebosaban felicidad.
Nos acostumbramos a la armonía que creábamos, a consensuar...a compartir.

Y te fuiste para estar solo, para encontrar tu futuro, alejado del mío.
Quizá para saber si me echarías de menos.

Y dejamos de darnos la mano para darle la vuelta al mundo, sin consensuar, sin compartir.

Empezamos a escuchar música para cortarse las venas.
Y comenzaron las noches de insomnio.
Y volvió la repugnancia.

Y empiezas a preguntarte por antes.
Los días extraños. Los días tristes. Los días grises.

¿Y ahora?
¿Y después?

¿Volverá alguien a darme la mano y darle la vuelta al mundo?
O... ¿volverás tú?




















A DESTIEMPO'

A destiempo cerré los ojos,
para no verte más,
para dejar de sentir tu olor en mi cabello.
Para que tus manos no recorrieran mi piel, 
prándose en cada recoveco, sintiendo mi dolor.
Que cada trozo de mí deje de echarte de menos,
porque si no sentiré morir.

A destiempo.

Tú que creías ser el amor de mi vida,
yo que deje que pensaras que así lo creía...
Y me lo creí.
Y aún lo creo.

Derrepente habíamos dejado de ser dos almas que vagábamos por un mundo alejado de nuestras utopías,  para recorrer nuestros cuerpos; las historias que todos tienen, pero que en nosotros resultaban tan especiales...; cada uno de nuestros rincones...

Pero dejamos de ser un mismo alma el día que nuestros costados más sombríos y lúgubres se alejaron de cada uno de los dos. Cuando dejamos que la rutina nos aplastara como matan los niños a las hormigas, sin conciencia de dolor. 

Avergonzados.

Ahora volvemos a ser dos almas, pero esta vez heridas de muerte. 

A pesar de saber que jamás volverás a a correrte mirando los ojos de una mujer, no volverás a hacer el amor; follarás con mil tías, intentando saciar tu sed; sabiendo que solo podías saciarla conmigo. Yo vagaré de cuerpo en cuerpo; sabiendo que no hay ninguno como el tuyo. Nadie como tú.

Pero ¡por Dios!,
¿no lo ves?
Llévame lejos de aquí,
donde nadie nos conozca.
Muramos para el resto y
vivamos por nosotros.
Sin dar explicaciones,
amándonos sin remordimientos,
con nuestras miradas cruzándose en el espejo de enfrente.
Sudando en la escalera, en las repisas de cada rincón...

Pero !Por Dios!


Llévame lejos de aquí.