ver pelis; dormir; tocarte; sonreír... sin consenso.
Me acostumbré a mis pensamientos; a mi olor... míos.
Pero yo no veía amor; veía repugnancia.
Repugnancia a las parejas en los bancos
mostrando su amor sin tapujos.
Repugnancia a la soledad.
Cuando menos te lo esperas dicen.
Y así fue.
Llegó.
Formamos un presente, y nos contamos nuestros pasados.
Y paseámos, y viajamos, y reímos, y sobretodo nuestros días rebosaban felicidad.
Nos acostumbramos a la armonía que creábamos, a consensuar...a compartir.
Y te fuiste para estar solo, para encontrar tu futuro, alejado del mío.
Quizá para saber si me echarías de menos.
Y dejamos de darnos la mano para darle la vuelta al mundo, sin consensuar, sin compartir.
Empezamos a escuchar música para cortarse las venas.
Y comenzaron las noches de insomnio.
Y volvió la repugnancia.
Y empiezas a preguntarte por antes.
Los días extraños. Los días tristes. Los días grises.
¿Y ahora?
¿Y después?
¿Volverá alguien a darme la mano y darle la vuelta al mundo?
O... ¿volverás tú?
No hay comentarios:
Publicar un comentario