Hicimos que el tiempo pasará veloz,
como si de un día se tratase.
Las horas morían entre viajes, idas y venidas de aquí para allá.
Un solo concierto bastó para enamorarnos, y como tiempo después, siempre queríamos más. Otro local, otra birra...
3 noches hicieron falta para conocernos. Después cada vez que hacíamos el amor, y te veía acurrucado en mi pecho, sintiéndote agotado, sabía que no necesitaba nada más.
Porque estabas tú.
Y el tiempo corría y se fugaba. Y nosotros incapaces de separarnos queríamos más de todo.
Más conversaciones.
Más polvos.
Más besos.
Más ternura.
Más pasión.
Sin respetar la magia de la espera.
Sin darnos cuenta que descuidábamos nuestro alrededor.
Sin saber que el amor se cocina a fuego lento.
Sin fijarnos en otras parejas que por correr se estrellaron, convencidos de que nuestra fórmula superaba a la del resto.
Y así fue como dos kamikazes sintieron morir cuando la máquina de su amor prendió.
Al menos ella.
No hay comentarios:
Publicar un comentario